El laberinto de Fortuna
de Juan de Mena
Este poema está dedicado al rey Juan II.
Juan de Mena es arrebatado en el carro de Belona, la diosa guerrera, tirado por dragones y es conducido al palacio de Fortuna. La Providencia, que acude a recibirlo en una nube muy grande y oscura, le muestra la máquina del mundo, formada por "muy grandes tres ruedas", dos inmóviles (futuro y pasado) y una en perpetuo y vertiginoso girar, el presente. En cada rueda hay siete círculos (que corresponden a las órbitas de los siete planetas conocidos entonces): el de Diana, morada de los castos; el de de Mercurio, de los malvados; el de Venus, lugar donde se castiga el pecado sensual; el de Febo, retiro de los filósofos, oradores, historiadores y poetas; el de Marte, panteón de los héroes muertos por la nación; el de Júpiter, sede de los reyes y príncipes y el de Saturno, solio que ocupan los gobernantes de la república.

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